![]() |
Claudia Falconi Burbano /Agosto 2020 /Tintas al alcohol |
Ana Catalina Burbano
Mi madre nació en Palestina.
No en la del Medio Oriente, sino en la de Río Verde.
-Amaneció en los brazos de su abuela y, antes del anochecer, ya había plantado una matita de yuca.
La madre de mi madre no sabía leer.
-A ella le gustaba reír y cantar.
Mi madre no aprendió a reír y cantar.
-A los catorce años se graduó de maestra.
Enseñaba a niños más grandes que ella y ganaba el pan para sus hermanos, para su madre y para su abuela.
Cuando amanece, el cielo de Palestina se pone verde.
-He pasado por allí en la madrugada y he visto que el aire es verde.
Verde y fresco, como el aliento de los árboles.
-Los árboles de Palestina son altos, como la lluvia.Los árboles, último rostro de los abuelos.
-La lluvia, río primero de los que cantan.
Después las voces crecen sobre la tierra.
-Y también sobre el agua, que es verde.
Del tamaño del día, así son las palabras en Palestina.
-Las he visto al oscurecer, en cuclillas, entre las piernas de las mujeres.
Descalza y en cuclillas, así cantaba mi abuela.
Liaba hojas de tabaco y cantaba.
-Elegguá y Yemanyá, dioses guerreros, viajaban en vapor, los ojos sueltos entre las copas de los árboles.
Algunos hombres se detuvieron a escucharla, entonces ella guardó sus palabras.
-Las envolvió entre las hojas de tabaco y miró hacia donde creyó que estaba el mar.
Con los pies en la tierra y la cabeza en el mar.
-Acunando a su hija más allá de la lluvia.
Ánima sola, humando sobre los techos de las casas.
Mi madre nació en Palestina.
No en la del Medio Oriente, sino en la de Río Verde.
-Amaneció en los brazos de su abuela y, antes del anochecer, ya había plantado una matita de yuca.
La madre de mi madre no sabía leer.
-A ella le gustaba reír y cantar.
Mi madre no aprendió a reír y cantar.
-A los catorce años se graduó de maestra.
Enseñaba a niños más grandes que ella y ganaba el pan para sus hermanos, para su madre y para su abuela.
Cuando amanece, el cielo de Palestina se pone verde.
-He pasado por allí en la madrugada y he visto que el aire es verde.
Verde y fresco, como el aliento de los árboles.
-Los árboles de Palestina son altos, como la lluvia.Los árboles, último rostro de los abuelos.
-La lluvia, río primero de los que cantan.
Después las voces crecen sobre la tierra.
-Y también sobre el agua, que es verde.
Del tamaño del día, así son las palabras en Palestina.
-Las he visto al oscurecer, en cuclillas, entre las piernas de las mujeres.
Descalza y en cuclillas, así cantaba mi abuela.
Liaba hojas de tabaco y cantaba.
-Elegguá y Yemanyá, dioses guerreros, viajaban en vapor, los ojos sueltos entre las copas de los árboles.
Algunos hombres se detuvieron a escucharla, entonces ella guardó sus palabras.
-Las envolvió entre las hojas de tabaco y miró hacia donde creyó que estaba el mar.
Con los pies en la tierra y la cabeza en el mar.
-Acunando a su hija más allá de la lluvia.
Ánima sola, humando sobre los techos de las casas.
Marzo de 2001
#ClaudiaFalconiBurbano #TintasAlAlcohol #ArtistasEcuatorianas# Poesía #Palestina #AnaCatalinaBurbano #LiteraturaEcuatoriana
No hay comentarios:
Publicar un comentario